El Mantón de Manila, prenda tradicional entre las damas distinguidas, toma su nombre de la ciudad de Manila, la capital de la antigua colonia española de Filipinas, donde procedían gran cantidad de productos de Oriente que eran embarcados por galeones españoles para traerlos a España.
El mantón de Manila tuvo una gran aceptación sobre todo en Sevilla, donde pasó rápidamente a usarse como prenda entre las cantantes y "bailaoras" de flamenco, pasando poco a poco a ser una prenda de uso cotidiano y más generalizado. La "bailaora" Blanca del Rey, incluso le ha creado una soleá. También gozó de una gran aceptación en México ya que allí tenían como prenda muy tradicional el "rebozo Mexicano", una prenda de vestir muy parecida al mantón de Manila. No hay que olvidar los motivos por los cuales estas dos zonas fueron las "impulsoras" del Mantón de Manila, obviamente en el comercio marítimo desde Manila, una de sus rutas principales era Manila, México (Veracruz), España (Sevilla).
Sin embargo, esta prenda tan peculiar tiene su origen en China. Los Mantones de Manila, procedentes de China, se realizaban en seda y eran bordados a mano, los motivos eran realizados con decoraciones típicas de China, sobre todo con dragones y pagodas pero que, debido a las preferencias españolas y para facilitar la comercialización, se fueron cambiando por motivos mas típicos de nuestra zona... flores, pájaros, macetas, etc. Uno de los motivos que mas aceptación siempre ha tenido han sido las rosas, quizás por simbolismo reflejado con la Pasión de Cristo. El enrejado del fleco y el bordado, son los principales responsables de su alto coste.
Hay que destacar que los primeros Mantones de Manila no tenían flecos. Fue en España donde se le añadieron realzando así el típico mantón de Manila que hoy conocemos. En un principio era una prenda destacada entre las mujeres de la alta sociedad, pero poco a poco se incrementó entre las clases mas populares hasta convertirse en una moda muy cotidiana. Posteriormente, esa moda pasó y el mantón de Manila quedó como una prenda tradicional la cual siempre refleja un toque de distinción y elegancia.
Fuente: www.mantonesdemanila.com
sábado, 12 de noviembre de 2011
sábado, 3 de septiembre de 2011
Los Piojos Revelan que la Ropa tiene 170.000 Años
Por Rosa M. Tristán
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| David Reed |
La investigación es obra de David Reed, un investigador del Museo de Historia Natural de Florida, especializado en mamíferos. Durante cinco años, analizó secuencias de ADN para calcular cuando comenzaron a divergir genéticamente los parásitos que se hacen fuertes en las cabezas humanas.
Sus conclusiones han sido publicadas en la revista 'Molecular Biology and Evolution', según la web 'Science Daily', donde Reed declara que su objetivo desde el principio era establecer con claridad cuando los humanos comenzaron a usar la ropa. "Como se sabe que los piojos se adaptan muy bien, está claro que los piojos de cuerpo y los de la ropa no se diferenciaron hasta que los humanos se vistieron", apunta el investigador.
Los datos indican que los 'Homo sapiens' comenzaron a usar ropa unos 70.000 años antes de emigrar hasta zonas de clima frío, hacia el norte, lo que comenzaron a hacer hace unos 100.000 años. Hasta ahora era imposible poner fecha a las vestimentas, porque no dejan rastro en los yacimientos.
Todo parece indicar que los humanos comenzaron a vestirse después de perder el pelo corporal, un proceso que comenzó hace un millón de años, lo que significa que pasaron muchísimo tiempo totalmente desnudos: sin ropa ni pelo.
Para Reed es especialmente interesante saber que sobrevivieron en África cientos de miles de años de este modo y que la salida de África coincide con el hecho de que decidieran usar pieles para cubrirse.
Si eligió los piojos es porque otros parásitos se han entrecruzado con diferentes especies durante largos periodos y era más difícil seguir el rastro en ADN. Además, los científicos pueden observar los cambios evolutivos en el anfitrión en función de los que ha habido en los parásitos. De hecho, durante los últimos 20 años estas investigaciones han proporcionado importante información para la medicina, la biología evolutiva o la ecología.
Ni siquiera era éste el primer estudio sobre el tema de la vestimenta basado en los piojos. En 2003, otro trabajo del Instituto Max Planck (Alemania) concluía que su origen se situaba hace unos 107.000 años, si bien ahora se ha mejorado el método de cálculo, retrotrayendo ese origen.
"Los 170.000 años es una fecha mucho más antigua de lo que dice la arqueología pero tiene sentido", señala el australiano Ian dicho Gilligan, "porque significa que los 'sapiens' comenzaron a taparse para mantenerse calientes cuando comenzaron a verse expuestos a los primeros momentos de la Edad de Hielo".
Los 'Homo sapiens' aparecieron hace 200.000 años. Los homínidos arcaicos que habían salido antes de África no dejaron descendientes de sus piojos de la ropa, por lo que no se sabe si hace 800.000 años ya se abrigaban. Lo evidente es que sólo nuestra especie ha sobrevivido hasta el presente.
"Algo que pudo haber facilitado el éxito es que durante cientos de miles de años tuvieron la capacidad de hacer fuegos controlado, nuevas herramientas y también vestir ropas", señala Reed.
Fuentes: Rosa M. Tristán 11/01/2011 http://www.elmundo.es/elmundo/ y http://rescatandoeltiempo.blospot.com
martes, 31 de agosto de 2010
El Kaunakes, Indumentaria Tradicional de los Sumerios
Su indumentaria suele ser siempre igual: un kaunakes, algo similar a un manto, que en el hombre va de cintura para abajo y que en la mujer cubre desde los hombros. Es una piel de animal, normalmente oveja, que a veces llevan por la parte vista de la lana o a veces con la parte de la piel. La primera aparece llena de curvaturas y es lo más frecuente, mientras que en la segunda aparece lisa con unos flecos debajo.
Fuente: www.artespana.com
Fuente: www.artespana.com
jueves, 1 de julio de 2010
Las Sandalias de Tutankamon
Varias estatuas y estatuillas de la tumba de Tutankamón lo muestran con sandalias doradas.
Estas sandalias están hechas de madera y recubiertas con una chapa de marquetería de corteza, de cuero verde, y hoja de oro sobre una base de estuco.
Las suelas están cubiertos con estuco blanco.
Las correas en el empeine son de corteza ornamentada con un patrón de lámina de oro y color.
En el interior se puede ver figuras de negros y asiáticos cautivos atados con tallos de flor de loto y el papiro.
Arriba y abajo hay grupos de cuatro arcos, que junto con los cautivos, representan los nueve enemigos tradicionales de Egipto, a quien el rey pisó simbólicamente bajo los pies al usar las sandalias.
Los egipcios normalmente iban descalzos, pero en algunas ocasiones, los reyes llevaban sandalias muy elaboradas y decoradas.
Los hombres son descritos como los presos, postrados con sus brazos atados a la espalda.
Medidas : 28,3 cm de largo.
Howard Carter nos dice:
.... " Había sandalias, por ejemplo, con dibujos hechos a base de cuentas, cuyo lado se había podrido.
Tal como estaban en el suelo de la cámara parecían estar en perfectas condiciones, pero si intentábamos cogerlas se nos quedaban en las manos y todo lo que teníamos como premio a nuestros esfuerzos era un puado de cuentas sueltas y sin objeto alguno.
Las sandalias eran un claro caso de tatamiento inmediato: con un hornillo de alcohol, parafina, y una a dos horas para que ésta se endureciera, la sandalia podía obtenerse y manejarse con libertad "…''
Bibliografía
Howard Carter. "La Tumba de Tutankhamon", Gran Bretaña, traducción : Rosa Portell.
Fuente: http://www.egiptoforo.com
Estas sandalias están hechas de madera y recubiertas con una chapa de marquetería de corteza, de cuero verde, y hoja de oro sobre una base de estuco.
Las suelas están cubiertos con estuco blanco.
Las correas en el empeine son de corteza ornamentada con un patrón de lámina de oro y color.
En el interior se puede ver figuras de negros y asiáticos cautivos atados con tallos de flor de loto y el papiro.
Arriba y abajo hay grupos de cuatro arcos, que junto con los cautivos, representan los nueve enemigos tradicionales de Egipto, a quien el rey pisó simbólicamente bajo los pies al usar las sandalias.
Los egipcios normalmente iban descalzos, pero en algunas ocasiones, los reyes llevaban sandalias muy elaboradas y decoradas.
Los hombres son descritos como los presos, postrados con sus brazos atados a la espalda.
Medidas : 28,3 cm de largo.
Howard Carter nos dice:
.... " Había sandalias, por ejemplo, con dibujos hechos a base de cuentas, cuyo lado se había podrido.
Tal como estaban en el suelo de la cámara parecían estar en perfectas condiciones, pero si intentábamos cogerlas se nos quedaban en las manos y todo lo que teníamos como premio a nuestros esfuerzos era un puado de cuentas sueltas y sin objeto alguno.
Las sandalias eran un claro caso de tatamiento inmediato: con un hornillo de alcohol, parafina, y una a dos horas para que ésta se endureciera, la sandalia podía obtenerse y manejarse con libertad "…''
Bibliografía
Howard Carter. "La Tumba de Tutankhamon", Gran Bretaña, traducción : Rosa Portell.
Fuente: http://www.egiptoforo.com
Per Fumum
El perfume tuvo su origen en los antiguos santuarios, y de él se ocupaban los sacerdotes, no los expertos en cosmética. En forma de incienso, su función original, sobrevive hoy en las ceremonias de las iglesias.
La palabra se compone de per y fumus, en latín “a través del humo”. Y esto describe exactamente cómo reciben los fieles los fragantes aromas: transportados por el humo de los restos carbonizados del animal sacrificado.
El hombre primitivo, preocupado por la búsqueda de alimentos, creía que la mejor ofrenda a los dioses era una parte de su posesión más preciosa y esencial: un animal sacrificado. Por tanto, el perfume se originó como desodorante, derramado sobre el cadáver de un animal para disimular el olor de la carne quemada. La Biblia explica que cuando Noé, tras haberse salvado del Diluvio, sacrificó unos animales, “el Señor captó el dulce olor»”…, pero no de la carne, sino del incienso.
Con el tiempo, a través de una sustitución simbólica, las intensas fragancias del humo se convirtieron a su vez en ofrendas. Quemar sustancias como el incienso, la mirra, la casia y el nardo representaban el mejor homenaje que un mortal podía ofrecer a los dioses. Así, el perfume dejó de ser un desodorante utilitario para contrarrestar los malos olores, y se transformó en un producto suntuario.
Sin la necesidad de olores intensos que enmascarasen otros, la gente adoptó las leves y delicadas fragancias de frutos y flores.
Esta transición del incienso al perfume, y de unos aromas intensos a otros más suaves, ocurrió a la vez en el Próximo y en el Extremo Oriente hace unos 6000 años. En el año 3000 a.C., los sumerios en Mesopotamia y los egipcios a lo largo del Nilo se bañaban literalmente en aceites y alcoholes de jazmín, lirio, jacinto y madreselva.
Las egipcias aplicaban un aroma diferente a cada parte del cuerpo. Cleopatra se untaba las manos con Kyaphi, un aceite de rosas, azafrán y violetas, y se perfumaba los pies con aejiptium, una loción a base de aceite de almendras, miel, canela, flor de azahar y alheña.
Aunque los hombres de la antigua Grecia no utilizaban cosméticos faciales, ya que preferían un aspecto más natural, eran entusiastas de los perfumes, hasta el punto de emplear un aroma para los cabellos, otro para la piel, otro para las ropas, y otros, diferentes entre sí, para perfumar el vino.
Alrededor del año 400 a.C., los escritores griegos recomendaban hierbabuena para los brazos, canela o rosa para el pecho, aceite de almendras para las manos y los pies, y extracto de mejorana para los cabellos y las cejas. Los jóvenes griegos elegantes llevaron el uso de los perfumes hasta tal extremo que Salón, el estadista que creó la estructura democrática de Atenas, promulgó una ley (pronto derogada) que prohibía la venta de aceites fragantes.
Desde Grecia, los perfumes llegaron a Roma, donde se consideraba que el soldado no estaba en disposición de entrar en combate a menos que se hubiera ungido debidamente con perfumes. A medida que el Imperio Romano conquistaba otros territorios, se popularizaron las fragancias de glicina, lila, clavel y vainilla. Por influencia del Extremo y del Próximo Oriente adquirieron también preferencia el cedro, el pino, el jengibre y la mimosa, y los griegos extendieron la costumbre de preparar los aceites a base de mandarina, naranja y limón.
En Roma se constituyeron gremios de perfumistas, cuyo negocio floreció suministrando los últimos aromas a hombres y mujeres. Conocidos como unguentarii, estos perfumistas ocupaban las tiendas de toda una calle en la antigua Roma. Su denominación, que significa “hombres que untan”, originó nuestra palabra “Ungüento”.
Los unguentarii elaboraban tres tipos básicos de perfume: ungüentos sólidos, cuyos aromas tenían un único ingrediente (por ejemplo, almendra, rosa o membrillo); líquidos, compuestos a partir de flores, especias y gomas trituradas o majadas en un soporte aceitoso; y perfumes en polvo, preparados con pétalos de flores pulverizados y con especias.
Al igual que los griegos, los romanos prodigaban el perfume en sus personas, sus ropas y los muebles de sus hogares, y también en sus teatros. Al escribir sobre costumbres romanas, Edward Gibbon, el historiador británico del siglo XVIII, observa: “El aire del anfiteatro estaba continuamente refrescado gracias al funcionamiento de las fuentes, y profusamente impregnado de los agradables efluvios de los aromatizantes”.
El emperador Nerón, que en el siglo I creó la moda del agua de rosas, gastó cuatro millones de sextercios, equivalentes a unos 20 millones de las antiguas pesetas, en aceite, agua y pétalos de rosa para sí mismo y sus invitados en una sola fiesta nocturna. Y se sabe que en el entierro de su esposa Popea, en el año 65 de nuestra era, se gastó una cantidad de perfume que superaba la producción anual de Arabia. Incluso se perfumó a las mulas que formaron parte del cortejo.
Estos excesos indignaron a la Iglesia. El perfume se convirtió en sinónimo de decadencia y disipación, y en el siglo II los Padres condenaron su uso.
Después de la caída del Imperio Romano, los perfumes se fabricaron principalmente en el Próximo y el Extremo Oriente. Uno de los perfumes orientales más caros reintroducido en Europa por los cruzados en el siglo XI, era el llamado rosa altar, el aceite esencial procedente de los pétalos de la rosa damascana. Doscientas libras de pétalos de rosa, ligeros como plumas, producían una sola onza de attar.
Fueron los cruzados quienes, al regresar cargados de fragancias exóticas, reavivaron el interés de Europa por los perfumes y su elaboración, y en este momento de la historia del perfume entró en juego un nuevo elemento: los aceites animales. Gracias a los conocimientos orientales, los boticarios descubrieron que había cuatro secreciones animales, hasta entonces insospechadas, que producían efectos embriagadores en los seres humanos. Se trataba de aceites: almizcle, ámbar gris, civeta y castor, que son las esencias fundamentales de los modernos perfumes.
Se trata, en realidad, de ingredientes que no parecen guardar la menor relación con los perfumes, puesto que se trata de secreciones sexuales y glandulares, más bien para producir olores desagradables e incluso nauseabundos. Su incorporación al perfume tan sólo se conoce en parte.
Fuente:http://www.tinet.cat/~vne/principal.htm
La palabra se compone de per y fumus, en latín “a través del humo”. Y esto describe exactamente cómo reciben los fieles los fragantes aromas: transportados por el humo de los restos carbonizados del animal sacrificado.
El hombre primitivo, preocupado por la búsqueda de alimentos, creía que la mejor ofrenda a los dioses era una parte de su posesión más preciosa y esencial: un animal sacrificado. Por tanto, el perfume se originó como desodorante, derramado sobre el cadáver de un animal para disimular el olor de la carne quemada. La Biblia explica que cuando Noé, tras haberse salvado del Diluvio, sacrificó unos animales, “el Señor captó el dulce olor»”…, pero no de la carne, sino del incienso.
Con el tiempo, a través de una sustitución simbólica, las intensas fragancias del humo se convirtieron a su vez en ofrendas. Quemar sustancias como el incienso, la mirra, la casia y el nardo representaban el mejor homenaje que un mortal podía ofrecer a los dioses. Así, el perfume dejó de ser un desodorante utilitario para contrarrestar los malos olores, y se transformó en un producto suntuario.
Sin la necesidad de olores intensos que enmascarasen otros, la gente adoptó las leves y delicadas fragancias de frutos y flores.
Esta transición del incienso al perfume, y de unos aromas intensos a otros más suaves, ocurrió a la vez en el Próximo y en el Extremo Oriente hace unos 6000 años. En el año 3000 a.C., los sumerios en Mesopotamia y los egipcios a lo largo del Nilo se bañaban literalmente en aceites y alcoholes de jazmín, lirio, jacinto y madreselva.
Las egipcias aplicaban un aroma diferente a cada parte del cuerpo. Cleopatra se untaba las manos con Kyaphi, un aceite de rosas, azafrán y violetas, y se perfumaba los pies con aejiptium, una loción a base de aceite de almendras, miel, canela, flor de azahar y alheña.
Aunque los hombres de la antigua Grecia no utilizaban cosméticos faciales, ya que preferían un aspecto más natural, eran entusiastas de los perfumes, hasta el punto de emplear un aroma para los cabellos, otro para la piel, otro para las ropas, y otros, diferentes entre sí, para perfumar el vino.
Alrededor del año 400 a.C., los escritores griegos recomendaban hierbabuena para los brazos, canela o rosa para el pecho, aceite de almendras para las manos y los pies, y extracto de mejorana para los cabellos y las cejas. Los jóvenes griegos elegantes llevaron el uso de los perfumes hasta tal extremo que Salón, el estadista que creó la estructura democrática de Atenas, promulgó una ley (pronto derogada) que prohibía la venta de aceites fragantes.
Desde Grecia, los perfumes llegaron a Roma, donde se consideraba que el soldado no estaba en disposición de entrar en combate a menos que se hubiera ungido debidamente con perfumes. A medida que el Imperio Romano conquistaba otros territorios, se popularizaron las fragancias de glicina, lila, clavel y vainilla. Por influencia del Extremo y del Próximo Oriente adquirieron también preferencia el cedro, el pino, el jengibre y la mimosa, y los griegos extendieron la costumbre de preparar los aceites a base de mandarina, naranja y limón.
En Roma se constituyeron gremios de perfumistas, cuyo negocio floreció suministrando los últimos aromas a hombres y mujeres. Conocidos como unguentarii, estos perfumistas ocupaban las tiendas de toda una calle en la antigua Roma. Su denominación, que significa “hombres que untan”, originó nuestra palabra “Ungüento”.
Los unguentarii elaboraban tres tipos básicos de perfume: ungüentos sólidos, cuyos aromas tenían un único ingrediente (por ejemplo, almendra, rosa o membrillo); líquidos, compuestos a partir de flores, especias y gomas trituradas o majadas en un soporte aceitoso; y perfumes en polvo, preparados con pétalos de flores pulverizados y con especias.
Al igual que los griegos, los romanos prodigaban el perfume en sus personas, sus ropas y los muebles de sus hogares, y también en sus teatros. Al escribir sobre costumbres romanas, Edward Gibbon, el historiador británico del siglo XVIII, observa: “El aire del anfiteatro estaba continuamente refrescado gracias al funcionamiento de las fuentes, y profusamente impregnado de los agradables efluvios de los aromatizantes”.
El emperador Nerón, que en el siglo I creó la moda del agua de rosas, gastó cuatro millones de sextercios, equivalentes a unos 20 millones de las antiguas pesetas, en aceite, agua y pétalos de rosa para sí mismo y sus invitados en una sola fiesta nocturna. Y se sabe que en el entierro de su esposa Popea, en el año 65 de nuestra era, se gastó una cantidad de perfume que superaba la producción anual de Arabia. Incluso se perfumó a las mulas que formaron parte del cortejo.
Estos excesos indignaron a la Iglesia. El perfume se convirtió en sinónimo de decadencia y disipación, y en el siglo II los Padres condenaron su uso.
Después de la caída del Imperio Romano, los perfumes se fabricaron principalmente en el Próximo y el Extremo Oriente. Uno de los perfumes orientales más caros reintroducido en Europa por los cruzados en el siglo XI, era el llamado rosa altar, el aceite esencial procedente de los pétalos de la rosa damascana. Doscientas libras de pétalos de rosa, ligeros como plumas, producían una sola onza de attar.
Fueron los cruzados quienes, al regresar cargados de fragancias exóticas, reavivaron el interés de Europa por los perfumes y su elaboración, y en este momento de la historia del perfume entró en juego un nuevo elemento: los aceites animales. Gracias a los conocimientos orientales, los boticarios descubrieron que había cuatro secreciones animales, hasta entonces insospechadas, que producían efectos embriagadores en los seres humanos. Se trataba de aceites: almizcle, ámbar gris, civeta y castor, que son las esencias fundamentales de los modernos perfumes.
Se trata, en realidad, de ingredientes que no parecen guardar la menor relación con los perfumes, puesto que se trata de secreciones sexuales y glandulares, más bien para producir olores desagradables e incluso nauseabundos. Su incorporación al perfume tan sólo se conoce en parte.
Fuente:http://www.tinet.cat/~vne/principal.htm
martes, 29 de junio de 2010
Los Ojos de Cleopatra [Tutorial de Maquillaje]
En el siguiente enlace encontrarán un video de maquillaje artístico que recrea el estilo de Cleopatra, creado por Dreams Color & Glitter http://www.youtube.com/watch?v=hfBYSsmk3DA&feature=related
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